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Que el cielo la juzgue

El intento de la niña de presentarse ante la Virgen de Atocha marca un nuevo estándar en degradación. Los policías que acordonaban la zona, estupefactos ante el despliegue de complementos brillantes de la chiquilla, a duras penas acertaban a distinguirla de la propia imagen de la virgen. Menos mal que varios de los sacerdotes y seminaristas presentes murieron allí mismo de congestión, que si no, puede que hubiera habido que lamentar algún disgusto serio.

Presentación de la niña

Frío amanecer de otoño. La niña se detuvo a respirar un momento el color de las hojas muertas. Habiendo elegido el silencio, apenas alzó sus ojos para añorar el sol del verano. Lentamente empezó su mano a dibujar el mundo nuevo.

La ciencia avanza:

La niña retrocede (ella es más de letras).

Holocausto travesti

victoria infinita de la niña despojada transeúntes devorados serpientes nadie conoce a nadie. También tiempo fugaz de eterna primavera sol entrevisto sombra necesaria No vuelvas nunca

La niña salvaje

Partid por los caminos.

El final del verano

No contenta con ser la más glamourosa, elegante y moderna del panorama veraniego, la niña planea extender su dominio al otoño. Ejércitos de modistas, sombrereros y zapateros entran y salen sin descanso de los aposentos de la niña, que observa, reflexiona y se niega a dejarse aconsejar. Una habitación ha sido destinada únicamente a almacenar las invitaciones que se acumulan, varias secretarias han enloquecido ya por el estrés. La agenda de la niña ocupa más que el Espasa, tiene entrevistas concertadas ya hasta el próximo milenio. Pieles, joyas, champagne y caviar, aeropuertos, salas vip. París, Londres, decididamente Nueva York, tal vez Moscú, siempre Berlín....

La niña anhelante

Los suspiros escapan de su boca de fresa tornasolada iridiscente. La anhelante niña ha perdido el sosiego, su corazón desconoce la paz. Hila en la rueca con desmayado ademán, distraída acaricia la aguja, sueña tal vez con un príncipe desconocido... Abre los ojos y con un último impulso hunde en su dedo el metal para pagar con unas gotas de su sangre el pasaje a la tierra prometida.

La niña a la deriva

El caleidoscópico trampantojo de tu cuerpo tus ojos tu piel. Como vociferante horda invasora devora esta noche mis defensas mis estrategias mis palabras mágicas. Todo es el mar en esta noche eterna el mar son tus manos tus palabras tu silencio. El rito se ha cumplido, la palabra se ha hecho verdad en la noche de la tierra lejana.

La niña secreta

Ésta es la verdad que atesorabas, la marea cálida que enturbia tu sentido, la sabiduría milenaria de los osos panda que copulan sin cesar en las salas de espera de los aeropuertos, nadie observará tu horizonte con gesto amable, sabes bien que nadie sabrá el color del cielo que solo tú recuerdas, buscarás sin cesar las palabras que expliquen el fuego que te devora, sabiendo que jamás significará nada para nadie más que tú.

...

Ven cada noche a liberar mi vientre de la trampa de la cadena de la esperanza

El secreto desvelado

Cuando las sombras de la noche se adueñan de la ciudad, la niña payasa desaparece. Busca algún oscuro rincón de la metrópolis, y, a salvo de miradas indiscretas, se transforma en SúperContralto, la estilosísima superheroína. Sin descanso lucha contra los apóstoles de la decadencia y el olor a ajo: las malvadas sopranos, que con sus huracanados alaridos intentan dominar el mundo, los crueles tenores, capaces de las mayores temeridades para subir un tono, los nefastos bajos, siempre amenazando destruir el universo con sus sonidos infrahumanos. Especialmente encarnizada es la lucha de SúperContralto contra los siempre lamentables compositores pastelosos y sus constantes ataques almibarados, y cómo no, contra los directores hippies, lo peor, vamos, que por todos los medios intentan acallar las aterciopeladas voces de las contraltos amiguitas de la niña payasa. Esta noche la sin par heroína ha cosido las bocas de tres sopranos escapadas del penal para voces agudas, y ha librado al mundo de...

Audaces consejos literarios de la niña payasa

Resuma en seis palabras el fin último de su existencia. Condense en seis versos su ambición más oculta. Exprese en seis novelas todo lo que nunca quiso decir. Viva y muera seis vidas antes de publicarlo todo en tapa dura.

La niña en verso

Miles de personas hacen cola ante las peores librerías del país para conseguir cuanto antes su ejemplar de la antología poética de la niña payasa. Para amenizar la espera, beben cubatas hasta perder el conocimiento, si es que alguna vez lo tuvieron. Cuando consiguen el libro, se abrazan a él poniendo los ojos en blanco durante tres cuartos de hora, y acto seguido corren por las calles declamando a voz en grito los versos de la ocurrente chavala. Todo acaba en una orgía sin precedentes, lo que hay que hacer para pillar, dios mío. Una pena.

Tontas y pazguatas

Las tontas del bote desprecian infinitamente a las pazguatas amaneradas, lo que sin duda es ya la rematadera.

Academia de idiomas de la niña

Es importante elegir bien las lenguas extranjeras, le acompañarán toda la vida. Con la sensacional oferta de la academia de idiomas payasos, puede usted elegir hasta tres lenguas extranjeras, que llegará usted a desconocer tan bien como la suya propia. Podrá usted no comunicarse con millones de personas, que no le podrán transmitir sus pensamientos, emociones ni vivencias. Por mil años que viva jamás podrá expresarnos su agradecimiento. Nuestros servicios pagará usted con eternas caricias.

Efemérides

Para celebrar su primer aniversario, la niña payasa mantendrá relaciones íntimas con todos sus lectores. Las fantasías más descabelladas se harán realidad en una vorágine de voluptuosidad y lujuria. La niña ni siquiera sabe cómo se pronuncian algunas de las cosas que se verá obligada a hacer para la celebración. No se prevé que haya supervivientes.

La niña è mobile

La nena, con su ardor maternal recién adquirido, decidió adquirir también unos cuantos complementos para la educación del futuro prodigio payaso. Tras hojear durante diez minutos un libro (¿engendro? ¿aborto del diablo?) de las tres trillizas, sufrió tal ataque de urticaria que no hubo pomada en tres kilómetros a la redonda capaz de calmarla, con el resultado de que los ardores maternales de la payasita se han enfriado hasta niveles infraantárticos. Nada de niños payasos, el mundo puede respirar tranquilo. El gabinete de crisis del presidente del gobierno puede volver a dedicarse a sus maratonianas sesiones de sexo oral, el peligro ha pasado. La niña, por su parte, ha sublimado su instinto maternal, y en vez de a los niños, lo dedica al trankimazín, y sin leerse el prospecto, lo proclama como su única bandera. La niña es grande.

Adiós, cigüeña, adiós

La niña quiere plantar un libro y tener un árbol para sentirse plenamente realizada como mujer. Con todo lo que se mete la criatura , su reloj biológico más que marcar las horas, lo que hace es tocar a rebato, así que la muchacha anda deshojando la margarita, es decir, seleccionando al candidato ideal para ser el donante. Tanta selección para acabar luego borracha y sin bragas en cualquier rotonda, pero ya saben cómo es ella. Días lleva encerrada repasando fichas de posibles padres. Pónganse todos en lo peor y acertarán.

Las amiguitas de la niña

Con angelicales voces acompañan a la entrañable niña por los más agrestes parajes, la sacan a pasear cuando la antisocial chiquilla se aísla en exceso, y con ella critican a todo bicho viviente digno de ser criticado (vive dios que la lista es larga). La niña está encantada de reconocer que, a veces, algunas veces, no toda la gente es desagradable.

Pazguatas amaneradas

Son las musas del cotarro, las reinas de sabadell, las que pinchan y cortan el bacalao, las que tienen que servir, las grandes obras de ingeniería, las grandes batallas navales, las tres gracias, las siete obras de misericordia, las tres virtudes teologales, las diez mujeres más elegantes, las cuatro jineteras del apocalipsis now, y todo sin despeinarse ni decir esta boca es mía.