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Onnanoko no monogatari

La niña se fue a la fragua con su polisón de nardos, y se encontró con Apendicitis, que llevaba unos taconazos mucho más altos que los suyos. El reencuentro de madre e hijo fue tan emotivo que sería indecente contarlo aquí. Ahora comparten el rimmel y las minifaldas, están encantadísimos/as, y han jurado no volver a poner el pie en una fragua, que para pasar calor ya están los Monegros en verano.

All’alba vincerò!

Tú también, niña, oculta en tu inalcanzable refugio, serás vencida por la muerte disfrazada de viento.

Yo, esa mujer

Apendicitis está que lo tira. Tras dejar el carísimo internado del lejano condado de Shropshire como un solar a base de experimentos pseudocientíficos y multitudinarios encuentros de oración para jóvenes cristianos bien dotados (el tamaño de la fe sí que importa), ha fundado su propia secta episcopaliana en la que solo admite varones (la descripción detallada de las ceremonias iniciáticas provocaría manifestaciones de protesta en las principales localidades), y en la que ejerce un despotismo nada ilustrado que ríanse ustedes de Stalin en día de purga. Total, que mucho ser un alumno ejemplar y un piadoso cristiano para que a las primeras de cambio le acabe asomando el ramalazo por debajo de la sotana, y pretenda ser nombrado papiso, el muy hereje. Su pobre madre, para redimir los pecados de su heterodoxo retoño, hace voluntariado en asociaciones de ayuda a otoñales nifómanas deprimidas, pero lo hace para levantarles los tranquilizantes y tomárselos ella, que buena falta le hacen.

Children will listen

Contra todo pronóstico, Apendicitis ha resultado ser un alumno ejemplar. Sus notas son excelentes, y su comportamiento, intachable. Destaca igualmente en el ámbito deportivo, y ya es el capitán de los equipos de cricket y petanca. Sus escasos ratos libres los dedica a obras piadosas y tómbolas benéficas. Las más prestigiosas universidades trazan planes para contar con él en un futuro no muy lejano. El disgusto de su pobre madre es morrocotudo, claro está. Cada vez que recibe noticias del lejano condado de Hereford, se ve obligada a beberse una botella de Chardonnay para equilibrarse un poco. Cada sobresaliente del pequeñín es un puñal que cruelmente destroza su corazón. Apendicitis desprecia la carísima ropa que su madre le envía, y viste con monacal sobriedad. Austeros, casi espartanos, son sus hábitos de vida e higiene. Ni una gota de perfume, ni una cremita carísima, ni un martini para relajarse un poco (y tres más para relajarse del todo, según la fórmula patentada por mamá payasa)...

La vuelta al mundo en ochenta niñas

Sin apenas despeinarse, la nenita da varias veces la vuelta al mundo, concede entrevistas a todo tipo de medios, desautoriza a sus biógrafos tres veces al día, acude al Carrefour a comprarle patucos a Apendicitis, después a Lanvin a comprarle calzoncillos, le pone una querella para obligarle a emanciparse, le organiza fiestas llenas de amor, sushi y tartas de chocolate, cae repentinamente en la cuenta de que necesita varios sombreros nuevos, se los compra también en Lanvin, los devuelve inmediatamente, se hastía de todo y de todos, es la mejor anfitriona y la reina de la vida social, se toma media hora libre para almorzar, tarda dos horas en vestirse y maquillarse, protagoniza incidentes diplomáticos y escándalos internacionales, y aún le queda tiempo para hornear tartas de ruibarbo y empanadas de zamburiñas. Y el día no ha hecho más que empezar en el planeta de la niña indómita.

Hay que educar a papá

Apendicitis ya está en un lejano internado, al que la niña irá a visitarlo una vez al semestre. Allí jugará al cricket sin cesar, y será feliz merendando sandwiches de pepino todas las tardes. Una copa de jerez en casa del vicario tras la misa, tal vez una partida de bridge, algo de disciplina inglesa, y pudding en cada comida. La felicidad.

Alba de la niña

Amanece sin prisa y sin piedad.

Oh happy day

La pasada madrugada, la niña payasa ha dado a luz a su primer hijo, un varón que será bautizado con el nombre de Apendicitis. Los dos se encuentran bien de salud, afortunadamente en paradero desconocido.

El crepúsculo de las niñas

El trigésimo cuarto tomo de la biografía oficial de la niña más temida, recientemente publicado, se centra en un exhaustivo análisis de la primera papilla que ingirió la condenada chiquilla. La inclusión de un plátano entre los ingredientes de la receta ha revolucionado las tertulias televisivas, que sin cesar comentan las influencias y ramificaciones de la fálica fruta en la cosmovisión de la nena. El libro, sobra decirlo, se ha convertido en un éxito editorial sin precedentes, y ha sido declarado de lectura obligatoria en todas las escuelas del estado de Iowa.

La guerra de las niñas

Cautiva y desarmada la niña payasa, ha sido conducida al Bershka de Independencia, donde ha sido sepultada toda apariencia de buen gusto.

La niña en la rueca

Huyen de mí el sosiego y la calma

Nobleza Baturra

Cientos de miles de personas han participado en la ofrenda de flores a la niña payasa. Todos llevaban algo de Prada, y todos han cantado sin cesar las alabanzas de la niña. La nenita ponía cara de inmenso desprecio, así que todos han disfrutado muchísimo. Estas fiestas populares son las que verdaderamente definen el carácter de una sociedad. Viva el vino.

Chihuahua Jane contra La Mujer Máquina

La niña, que está estorbadísima, ha llegado a la conclusión de que un género que permite la existencia de peñas y despedidas de soltero no merece existir, así que ha iniciado los trámites para eliminar a la raza humana de la faz de la tierra. La nena tiene pensado acostarse con todos los funcionarios implicados en el expediente, únicamente para agilizar los trámites. Un mar de instancias y solicitudes que la niña de las narices no dudará en surcar para llevar a buen puerto esta bonita empresa.

Que el cielo la juzgue

El intento de la niña de presentarse ante la Virgen de Atocha marca un nuevo estándar en degradación. Los policías que acordonaban la zona, estupefactos ante el despliegue de complementos brillantes de la chiquilla, a duras penas acertaban a distinguirla de la propia imagen de la virgen. Menos mal que varios de los sacerdotes y seminaristas presentes murieron allí mismo de congestión, que si no, puede que hubiera habido que lamentar algún disgusto serio.

Presentación de la niña

Frío amanecer de otoño. La niña se detuvo a respirar un momento el color de las hojas muertas. Habiendo elegido el silencio, apenas alzó sus ojos para añorar el sol del verano. Lentamente empezó su mano a dibujar el mundo nuevo.

La ciencia avanza:

La niña retrocede (ella es más de letras).

Holocausto travesti

victoria infinita de la niña despojada transeúntes devorados serpientes nadie conoce a nadie. También tiempo fugaz de eterna primavera sol entrevisto sombra necesaria No vuelvas nunca

La niña salvaje

Partid por los caminos.

El final del verano

No contenta con ser la más glamourosa, elegante y moderna del panorama veraniego, la niña planea extender su dominio al otoño. Ejércitos de modistas, sombrereros y zapateros entran y salen sin descanso de los aposentos de la niña, que observa, reflexiona y se niega a dejarse aconsejar. Una habitación ha sido destinada únicamente a almacenar las invitaciones que se acumulan, varias secretarias han enloquecido ya por el estrés. La agenda de la niña ocupa más que el Espasa, tiene entrevistas concertadas ya hasta el próximo milenio. Pieles, joyas, champagne y caviar, aeropuertos, salas vip. París, Londres, decididamente Nueva York, tal vez Moscú, siempre Berlín....

La niña anhelante

Los suspiros escapan de su boca de fresa tornasolada iridiscente. La anhelante niña ha perdido el sosiego, su corazón desconoce la paz. Hila en la rueca con desmayado ademán, distraída acaricia la aguja, sueña tal vez con un príncipe desconocido... Abre los ojos y con un último impulso hunde en su dedo el metal para pagar con unas gotas de su sangre el pasaje a la tierra prometida.