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El amor de las tres niñas

la palabra que mi espalda escribe en la arena es tiempo. el amanecer del tiempo que esperabas aplastado por tu espalda cómo te afecta la cuestión se podría decir preguntar inquirir pero no es la cuestión que se plantea en la cumbre, nada sabe la cabeza del jabalí del llanto de la inocente cucaracha

Si la niña te dice que caí

dirías tal vez que es sauce el velo que te oculta a mi mano o terciopelo la esencia insinuada en tu sonrisa, caricia, ansiado verano de sudor y de sombra

Breakfast at Niña's

interrogado con guante de seda por mis próximos afanes torturado por diez mil kilómetros de angustia confieso sin rubor que mirarte despacio es ya mi nombre e incluso que es eterno el mundo que ayer ha surgido en tu mano aunque prefiera susurrar tu palabra a escribirla en la arena para que nadie escuche el silencio que somos

Indiana Jones y la niña perdida

Tras observar tu errático destino debo decir que sin duda conoces el signo de los tiempos tal vez seas el profeta que nos anuncie la fecunda llegada del próximo advenimiento. Debo decir también que tus manos hablan un idioma intranquilo pero prefiero gritarlo como si fuera el último mensaje recibido del campo de batalla que nos anuncia por fin tu cuerpo y la lluvia

La vida exagerada de la niña

en otras circunstancias miles de personas hubieran desfilado sobre tu cadáver con vistosos uniformes y disciplinada sonrisa un selecto grupo de privilegiados habría saboreado incluso las partes más jugosas de tu anatomía pero nada es como en los buenos tiempos y asistimos impasibles a tu coronación como planeta insalvable e indómito

La niña y el vabagundo

reunidos en este bálsamo los principales agentes del miedo, convocan sin tardanza una batalla desesperada entre la noche y el viento del este pabellones alzados observan sin tregua, siquiera un instante cierran los ojos al vacío, lenguas muertas besan sin prisa los despojos del tiempo y en venenosas flores transforman su hedor de silencio.

Niña y paz

Como si no fuera viento el constante afán de la niña, mastica ella despacio mansiones de amor y penumbra. Existe un infierno mayor, asegura sin tregua, mientras calla varios nombres distintos del tornado y el ciempiés.

Seeräuber niña

Ni un atisbo de duda hubo en su mirada. Cuando los piratas le preguntaron a quién debían matar, ella contestó: a todos.

La niña diabólica viste de Prada

Ella se quedó sin saldo en el espejo mágico.

Una niña particular

La niña consultó al consejo de ancianos, que le aconsejó cambiar de hidratante. Del contorno de ojos no le dijeron nada, los muy perversos.

Niñas arriba

En la prestigiosa academia de la niña se desarrolla el nuevo método de aprendizaje por succión.

La niña es un gran invento

momentos en que apenas tiene fuerzas para mirar alrededor

Solo ante la niña

Por tu mala cabeza te has visto reducido a la esclavitud. Tus bienes han sido subastados y liquidados, y tú mismo vas camino del mercado para ser vendido al mejor postor. Tu libertad se aleja haciéndote un desmayado gesto, apenas notas su ausencia. Pesadas cadenas serán tus joyas, y ni tu nombre ni tu cuerpo te pertenecerán. El hombre que afeita ahora tu cabeza sabe que eres un esclavo y como a tal te trata. Éste eres tú, éste es tu futuro, procura obedecer o te arrancarán la lealtad a golpes, ya no eres un hombre y jamás nadie volverá a tratarte como a tal.

La maldición de la niña

Ella olvidó su maleta, su llave, su nombre, su propósito en la vida. Quedó anclada en una calle de la ciudad extraña que no reconocía. Incomprensible le eran la lengua y las costumbres. Lloró durante varios minutos, y luego decidió dominar el mundo antes del jueves.

Quisiera ser tan alta como la niña

Varios días después la niña confesó que no recordaba dónde había escondido la llave del cofre del tesoro.

En todas partes cuecen niñas

maldito sea tu cuerpo tu nombre malditas tus manos tu mirada el aire que de tus labios huye para abrasar los míos maldito por siempre el color que tus ojos desborda que mi vientre anega maldito el gesto de infinita dulzura que tu tímida mano esboza sobre mi frente desterrada sobre mi cuerpo que será maldito porque ya no es mi cuerpo sino botín de guerra territorio conquistado escena de rendición bandera blanca sin reservas sin condiciones sin mentiras sin esperanzas

La niña en los tiempos del cólera

es tu mirada ofrece reposo consuelo alivio en la oscura noche de la tierra o más bien sendero ignorado que con delincuente premura conduce directamente al abismo al silencio al discopub de la esquina que no sé qué es peor

Niña, demonio y carne

Distanciada de sus propias palabras, apenas puede la niña fijar la mirada más de un instante. Observa con inquietud la sombra que su propio cuerpo dibuja, y prefiere no saber cuál es el nombre que murmura el aire en las ramas podridas de los sauces que, obstinadas, insisten en barrer su frente con traicionera ternura.

A una niña desconocida

Querida niña payasa como este año he sido muy bueno quiero que me traigas por este orden catorce pájaros blancos doce joyas de incalculable valor tres miradas llenas de misterio el suave roce de tu piel olvidada y no te olvides por favor de traerme también el nombre de la tormenta.

Las armas de la niña

Ha decidido crear el mundo en siete días.